Han habido algunos cambios en mi vida, mayormente malos. Como no he escrito en mucho tiempo, sólo mencionaré lo más relevante. Del 19 al 26 de marzo, salí de vacaciones a Guadalajara (¡Cupe sin problemas en los asientos el avión!). Antes de este vieja, me detectaron cáculos biliares, Mi doctor me dijo que no era algo muy urgente aún asíque me podía ir de viaje tranquilamente, pero mi nutrióloga me dio una dieta muy específica. Para hacer las cosas más cortas, prácticamente me quitó todo: grasas (me dolió que me quitara el aguacate y el queso), cosas fritas o empanizadas (cosas que realmente no como mucho), frutas con semillas, tomate, cítricos y carne roja. Vaya vacaciones, ¿no? Se me quedó muy grabado que mis amigas comieron en un restaurante birria, tortas ahogadas (me moría por probar una yo también) y yo con un triste consomé de pollo. Para acabarla de amolar, al parecer soy de esas personas que no pueden hacer del dos fuera de casa, y por no obrar en una semana, me dieron unas hemorroides horribles, al punto de que tuve que hacer una cita con un especialista en mis vacaciones. Sin embargo, antes decidí comer el chingomadral de concentraros de ciruela y tomarme unas Nixon. Resultó más o menos, pero nomás llegué a casa y todo regesó a la normalidad. En el avión te botan todos los malos, así que las tres horas de viaje de mi ciudad a Guadalajara me empezaba a doler mucho el costado, al punto de sudar frío. Estoy haciendo planes para volverme a operar, pero como no tengo ni un peso en donde caerme muerta (eso me pasa por irme a Guadalajara, supongo) tengo que juntar primero. Tengo entendido que las personas que han pasado por una gastroectomía son más propensas a sufrir de cálculios biliares, supongo que eso es algo que se le olvidó a mi doctor decirme.
He batallado un poco con esta nueva dieta, porque a donde vaya, fuera de casa, hay carne roja, o cosas fritas, o pescado. Recuerdo haber dicho antes que yo era muy especialita para la comida, así que no como carne roja o blanca tan fácilmente cuand voy a un restaurante. En fin hago lo que puedo. Pan, modero las grasas, el limón no lo evité, eso sí... lo único de lo que realmente me cuidé fue de la carne roja.
Consegí un contador de calorías, cosa que me ayuda mucho. Cuando te das cuenta que, ¡UNA REBANADA DE PIZZA DEL COSTO TIENE SEISIENTAS VEINTE MLADITAS CALORÍAS! en serio te dan ganas de no comerte esa rebanada. Lástima que las conté después de comerlas de haber sabido no aceptaba esa rebanada. Ok, fueron dos. Pero ya qué, aprendí la lección. No más pizza del Costco. También te das cuenta de que un mazapán, un delicioso y dulce mazapán es más traicionero que la puta madre y tiene las mismas calorías que una comida completa. A veces, cuando recuerdo contar las calorías antes de comérmelas, sí me ayuda a recapacitar y a comerme o la mitad o nada. También encontré un pedómetro para el celular que, wow, maravilla, puede sincronizarse con el contador de calorías y automáticamente se añaden para decirte cuántas calorías te quedan al día. Dejaré los links en la sección de al lado, por si a alguien le interesa. Abas son para el celular, pero el contador de calorías también puede ser consultado vía web.
Una de las cosas que me han estado pasando últimamente me han impulsado a hacer cambios donde tengo que deshacerme de lo viejo para hacer lugar a lo nuevo o para darme cuenta de las cosas que me faltan. Por ejempl, hoy tiré zapatos viejos, pantalones que ya me quedan muy grandes, blusas enormes, ropa que sencillamente ya no es para mí. (Lo relaciono con los kilos que he acumulado en mi vida, y como quiero bajar de peso, el eliminar las cosas de mi vida que ya cumplieron su función es un reflejo de eliminar los kilos de más de mi cuerpo). Lo curioso es que, hoy sacando toda esa ropa de mi clóset, me encontré con el vestido de graduación de mi primera carrera, por ahí del 2005. ¡Me sorprendió saber que me queda grande! O sea, estoy pesando menos/más delgada que cuando estaba en e 2005. Eso sí que me sorprendió.
Ya quedan tres meses para cumpir un año de operación. Qué rápido va el tiempo, ¿no es así? Cuano cumpla un año, subiré una foto de un antes y después. No haré una hasta julio, quiero sorprenderme, para bien o para mal, junto con ustedes. También tengo otras cosas que quiero eliminar, pero es difícil cuando tienes arraigada la creencia de "aún puede servir en el futuro" o "tiene valor sentimental". Pero ya me sobrepondré a ello, como me sobrepuse a tirar mucha ropa que ya no me quedaba.
Mostrando las entradas con la etiqueta hacer del dos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta hacer del dos. Mostrar todas las entradas
domingo, 10 de abril de 2016
Fuera con lo viejo, venga con lo nuevo.
Etiquetas:
autoimagen,
cálculos biliares,
comida,
dieta,
emociones,
enfermedad,
estreñimiento,
gastroectomía,
hacer del dos,
pasado
miércoles, 29 de julio de 2015
No leas este post mientras estés comiendo.
Advertencia:
este post trata sobre hacer del dos. Lee bajo tu propia discreción.
Varias
cosas me tenían frustrada durante mis primeros cuatro días en
casa. Al salir del hospital, me habían dado cita para el martes para
poderme retirar el dren. El
no poder dormir, los dolores en mi panza, tener que estar cuidando el
dren, que cuando éste me colgaba me dolía la herida, que cuando
“comía”, si no lo hacía lo suficientemente lento, me daban las
punzadas…. Y que no podía hacer del dos. Así es. Del dos.
Yo
asumía que era normal porque realmente sólo ingería líquidos,
pero cuando mi papá le preguntó al doctor si esto era normal, le
respondió que era normal siempre y cuando no tuviera ganas, pero si
para el martes aún no obraba, que entonces “me daría
indicaciones”. El problema, es que me empezaban a dar ganas, pero
no podía. Tomé las palabras del doctor como “o cagas para el
martes, o cagas”. Creo que mis padres lo tomaron igual porque
empezaron a urgirme que empezara a beber licuados de papaya, que eran
una de las opciones de la dieta. Yo odio la papaya, me da asco. Pero
era una situación extrema. Así que, como dicen en inglés “I took
one for the team”, o sea, “me sacrifiqué por mi equipo”, y
empecé a beber licuados y yogurt de papaya. Saben horribles. Aún
los detesto. Bueno, el Activia de papaya sabe bien. Lo admito.
El
lunes por la tarde, volví a sentir ganas. «¡Hoy es el día!»
pensé. Me esforcé por alrededor de 20 minutos, y mi resultado
fueron tres miserables bolitas de conejo.
–Bueno,
al menos ya salió algo –dijo mi papá.
Si
bien tenía razón, no me sentía satisfecha. Era como un reto, sabía
que podía dar más. Pero no hubo más cambios.
Al
día siguiente me desperté temprano para acudir a la cita con el
doctor para que me retiraran el dren. Yo
sabía que e iba a doler, después de todo, cualquier movimiento me
hacía dolorosamente consciente de la manguera. El doctor me dijo que
“sólo sería una molestia”, pero que no me dolería. Sabía que
mentía. Es una manguera dentro del estómago. Claro que te va a
doler. Me pidió que me recostara en un sofá que tenía; mi papá se
quedó al lado, en el escritorio del doctor. No era que estuviera
mentalizándome que me iba a doler, es una de esas cosas que sabes
que son un hecho, como en las elecciones pasadas que sabías que EPN
iba a quedar de presidente.
El
doctor hizo los cortes de los alambritos, no me dolió mucho, eso en
sí fue la molestia. Y después, ¡madres! Un jalón. Sentí cómo se
me revolvieron muchas cosas adentro de la panza, y el dolor fue tan
fuerte que me sacó un gritito y me hizo llorar. “Ya salió, ya
salió” me decía para tranquilizarme, pero no sirvió de nada. Por
un segundo mi mirada se posó en la cara del doctor y su expresión
era de “¿En serio estás llorando por esto?” No me solté a
llorar como una niña, pero sí me aguanté de no dejar caer lágrimas
y caminé lo más ceremoniosamente posible al escritorio. Me recetó
más medicamento, unas vitaminas, y regresé a casa. De inmediato
pude sentir una diferencia al caminar sin el dren. No caminaba tan
lento, y no me dolía ya tanto, a pesar de sentir las molestias de la
herida. Sin duda fue una mejora considerable.
Todo
transcurrió normalmente por el resto del martes. El pan de barra
tostado se me sigue antojando, pero no lo puedo comer.
Para
el martes en la tarde me volvieron a dar ganas. «Round 2».
Fue
como dar a luz. Ahí lo sentía, ahí venía, pero no podía. Utilicé
técnicas de respiración y pujé. Hasta me di golpesitos en la
rodilla, según eso ayuda. Después de batallar, la misión fue un
éxito rotundo. No fueron bolitas de conejo, fue algo decente. Pude
escuchar “Weeeee are the chaammpiooons, my frieeeennndd” de Queen
cuando todo terminó. Me lavé las manos, caminé victoriosamente
fuera del baño, y
cuando vi a mi papá en la sala, le alcé los pulgares, contenta.
–¡Es
todo! –me dijo, también orgulloso.
Bueno,
supongo que voy mejorando.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)