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sábado, 18 de junio de 2016

Se acerca un año~

Se acerca el próximo 22 de julio un año desde que me sometí a una gastroectomía. He bajado de peso bastante, de los 150 kilos ahora peso 102. ¿Estoy contenta por eso? Sí. ¿Lo hubiera podido lograr sólo con dieta y ejercicio? No. Pero... ¿estoy contenta con mi desición? No lo sé. Han habido cambios por los cuales yo no estaba preparada, cambios en donde más me duele. Cambio que me frustran. Cambios que me hacen sentir derrotada más que sentirme victoriosa. Antes de que siquiera pensara en operarme, tenía ataques de miedo donde me rehusaba a comer por temor a morirme. Otra vez estoy rehusándome a comer, porque cualquier cosa que como, me sienta mal. Me siento quebrada, derrotada. Como si no quisiera luchar más. Mañana que es el dia del padre, no sé qué haré. Tengo mucho miedo, no quiero arruinar su día sintiéndome mal por algo que coma.
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Todos los textos e imágenes publicados son copyright ©2015-2016, AwesomeKilljoy A menos que se especifique lo contrario.

Ugh...

Después de me último post, como todo en la vida, han habido varios cambios. Uno de ellos es que de nuevo me sometí a otra operación, esta vez para retirar la vesícula debido a los cálculos biliares que me encontraron.

Al inicio... todo bien... pero... no sé. Estoy bastante desanimada, quizá hasta arrepentida. Me siento sola porque no conozco a nadie que haya pasado por lo mismo que yo y en los grupos de apoyo realmnete no encuentro el apoyo que necesito. I didn't sign up for this, como dicen en inglés. Y mañana es el día del padre... quisiera no salir de casa.


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Todos los textos e imágenes publicados son copyright ©2015-2016, AwesomeKilljoy A menos que se especifique lo contrario.

lunes, 4 de enero de 2016

Rehén de una bolsa de Doritos.

Hoy es una de esas madrugadas donde por alguna razón las consecuencias de desiciones que he tomado regresan un poco más fuerte. Consecuencias con las que ahora me toca vivir pero no sé cómo tolerar.

Mi dieta no ha ibo bien particularmente esta semana. Estoy esperando ansiosamente regresar al trabajo. Tengo una bolsa de Doritos que quedaron de la cena de Año Nuevo con la que planeo amenzarme esperando a que alguien me rescate. Sí, es patético, sé cómo suena: rehén de una bola de Doritos.

No quisiera entrar en detalles profundos sobre la situación que ahorita me atormenta, pero quería dejar en el récord que efectivamente siento una relación entre esto y las ganas de querer mandar todo al diablo y ceder. De hecho, las tengo aquí al lado, "mirándome" mientras procuro no llorar por una situación que haga lo que haga ya no puedo remediar. Aún no hago nada con ellas, pero ahí están. Es como los «cutters», pero en lugar de navajas, comida. Para el caso es lo mismo. Me estoy haciendo daño a mí misma, como los alcohólicos que bebe para matar algo adentro de ellos. Bueno, también tengo un té. Pero si no fuera porque sé que la soda verdaderamente podría hacerme daño, tuviera un vaso grande de Coca Cola aquí conmigo, pero me conformo con que el veneno de elección de esta noche sea un té de manzanilla, y la bolsa de los Doritos del mal.

Me doy cuenta que no es tanto la persona o la situación, sino la elección que tomé, que resultó ser la equivocada, y que ahora veo lo que pudo ser y ya no es. He tenido la oportunidad de verme con esta persona "frente a frente" y pedirle perdón, pero por más que él diga que no pasa nada, que "estamos bien" no lo resuelve. Creo que ni siquiera fue el daño que causé, sino lo que pudo ser, lo que tuve, y lo que dejé ir.

A la vida le urge un ctrl + z. No, ese tiene un límite. Le urge un botón de «restart» para cuando necesitas volver a empezar desde el inicio. Dicen que todos los días es una oportunidad para iniciar de nuevo, pero a veces la jugada ha sido tan mierdera que el «save point» ya no es lo suficientemente bueno.

Al menos, después de unas cuántas lágrimas y una vomitada de incoherencias, ya no se me apetece tanto la bolsa de Doritos.

PD. Sin embargo, sí terminé comiendo.

miércoles, 19 de agosto de 2015

It could have been me~

          Ya sé que no debo adelantarme ni vivir en el futuro. Ya sé que no debo preocuparme. Pero hay cosas que estoy esperando vivir, cosas de las que tengo muchas ganas; pero no sé conseguir. La gente me dice que no me preocupe por mi edad, que aún estoy muy joven, pero, siento que me estoy quedando atrás. Y no creo que esté en edad para quedarme atrás.

          Son tantas cosas que se me hace difícil organizar mis ideas y por lo tanto me es más difícil escribir.
          
Hay una canción que me ha gustado mucho y que contribuyó a que me animara a operarme, precisamente por el mensaje. La dejaré como enlace a YouTube por si alguien quere escucharla, con una traducción.

          He estado notando que mis mejillas ya no están tan delgadas como la semana pasada. No sé si es idea mía, no sé si es algún efecto normal porque ya estoy comiendo otro tipo de cosas que no son papillas y jugos. A veces tengo ganas de vomitar en la mañana cuando me tomo mi jugo de manzana, y en la noche, cuando ceno el cereal, a veces se me acelera el pulso, pero como se me pasa después, no me preocupo mucho ni le comento nada a nadie.
          
Últimamente me siento emocionalmente saturada de cosas.



Could have been me (Pude haber sido yo)- The Struts

No quiero vivir como una historia sin contar
Prefiero extinguirme en una llamarada de gloria
No puedo escucharte, no te tengo miedo

Viviré ahora porque los malos mueren al último
Esquivando las balas con tu pasado roto
No puedo escucharte, no te tengo miedo ahora
Envuelto en tu arrepentimiento
Vaya gasto de sangre y sudor

Quiero saborear el amor y el dolor
Quiero sentir el orgullo y la vergüenza
No me quiero tomar mi tiempo
No quiero desperdiciar una línea
Quiero vivir mejores días
Nunca mirar atrás y decir
Ese pude haber sido yo
Ese pude haber sido yo

No quiero vivir como una melodía sin cantar
Prefiero escuchar al silencio decirme
No puedo escucharte, no te tengo miedo

No quiero despertarme el lunes por la mañana
La idea del trabajo provoca que la piel se me erize
No puedo tenerte miedo, no te escucho ahora
Envuelto en tu arrepentimiento
Vaya gasto de sangre y sudor

Quiero saborear el amor y el dolor
Quiero sentir el orgullo y la vergüenza
No me quiero tomar mi tiempo
No quiero desperdiciar una línea
Quiero vivir mejores días
Nunca mirar atrás y decir
Ese pude haber sido yo
Ese pude haber sido yo

sábado, 15 de agosto de 2015

Nueva etapa

          A ya un par de días de haber iniciado lo que es mi dieta blanda, me siento un poco extraña y preocupada. Mi dieta blanda consiste en comida, y ya dejando un poco los jugos y las papillas atrás. Pollo cocido, caldo de verduras, sandía, galletas saladas, etcétera. Aquí empieza lo que solía preocuparme antes de operarme. ¿Y si no puedo? Ya he mencionado atrás (creo) que el olor de ciertas comidas me abrían el hambre y por lo tanto resultaba un poco tortuoso para mí. Yo estaba acostumbrada a comer rápido por los horarios que tenía que cumplir. Aprender a comer lento me ha resultado doloroso, pues si como un poco de pollo que no está bien masticado, mi estómago me reclama luego, como aquellas punzadas que sentía al beber agua. Lo que para mí antes era un placer y un deleite, comer ahora me está resultando incómodo y doloroso. Quizá es parte del plan malévolo de la operación. Para solucionar el problema del hambre, he tomado mucha agua. En la hoja de la dieta dice que debo beber 1.5 litros de agua.
          Aquí es donde entran en conflicto dos situaciones mías: la primera, que como ya estoy pudiendo comer algo sólido (me he dado cuenta que las galletas saladas son deliciosas, recuerdo cuando les ponía mayonesa cuando era niña y me las comía en sanwich, jajaja) quiero comer y volver a disfrutar, pero también debo aprender a contenerme y no dejarme ganar por las ganas de comer. El verdadero problema, o uno anterior a ese, es que no sé si quiero realmente aprenderlo. O sea, sí quiero, ¡claro que quiero! Por algo me operé, y sé que sólo por el hecho de operarme no voy a bajar de peso. Pero, diablos, qué ricas saben esas galletas saladas y que rico es poder disfrutarlas. Parece que quiero mantener mi pastel y querer comérmelo a la vez. Hasta las metáforas hablan de comida. Sé que la comida es muy importante para el ser humano... ¿pero no podemos usar otras metáforas?

          Me siento abrumada.

viernes, 31 de julio de 2015

Las heridas que no sanan.

          Ya antes había mencionado que la papaya y yo no nos llevamos bien, pero que la había empezado a tomar por causas extremas (véase el post anterior). No es por exagerar, pero tomar licuado de papaya realmente para mí significó un buen esfuerzo de mi parte, y una vez lograda la misión, pensé que podría estar libre del yugo tirano de aquella fruta. Mi mamá, quien es la que generalmente se encarga de hacer esas comidas, estaba en la cocina cuando aproveché para pedirle que en lugar de licuado de papaya, me preparara un jugo de manzana. Sin ningún problema, sin ningún reproche, sin realmente ningún problema, aceptó. El problema estuvo que 5 minutos después, me trajo licuado de papaya. Está de más decir que le pregunté por qué me había ofrecido esto cuando le había pedido otra cosa. Ella alegó que el licuado de papaya me era más saludable, y que prefería que tomara el licuado en lugar del jugo, a pesar de que ambas están recomendados en la dieta que me dieron en el hospital.

           Obviamente se armó una discusión, y mi papá intervino. Cuando esto sucede… a mí me da miedo. La cosa pareció ir en serio, y yo reaccioné poniéndome de pie, saliendo al patio y salir a caminar. Una sensación de culpa me invadió. Estos pensamientos de que debí haber dicho tal cosa en lugar de lo otro, o debí haber hecho esto otro me rondaron la mente hasta que empecé a llorar. Las peleas entre mis padres han sido parte de la cultura familiar, pero cuando llegan a un cierto nivel, yo entro en pánico. Cuando las cosas se calmaron, yo regresé a la sala, y de ahí las cosas ocurrieron normalmente. Me extrañó un poco que empezara a llorar. Estoy acostumbrada a estas cosas. Pero si algo he notado, es que los primeros días en casa estuve demasiado sensible, no sé si sea por la operación. Vi un video de gatos, lloré. Vi un video de un gordito que bailaba, lloré. Mi mamá se rehusó a comer con nosotros en la mesa, lloré.


          Por otro lado, las heridas en la panza no han cerrado bien. Desde que me quitaron el dren, me ha estado saliendo líquido por las heridas, a veces a chorros; inclusive hoy manché las almohadas donde dormía. Cansada un poco de la situación, le pedí a mi papá que le marcara al doctor. Me daba miedo que hubiera algo interno que no haya sanado bien, que me hubieran lastimado algo cuando me sacaron el dren o que por algo tuvieran que operarme de nuevo. Cuando mi papá se comunicó con él, le dijo que era normal y hasta esperado; es más, que exprimiera un poquito las heridas. Así que hoy me he puesto de nuevo las gasas. Les debo las fotos todavía. Les prometo que las subiré pronto.

miércoles, 29 de julio de 2015

No leas este post mientras estés comiendo.

Advertencia: este post trata sobre hacer del dos. Lee bajo tu propia discreción.


         Varias cosas me tenían frustrada durante mis primeros cuatro días en casa. Al salir del hospital, me habían dado cita para el martes para poderme retirar el dren. El no poder dormir, los dolores en mi panza, tener que estar cuidando el dren, que cuando éste me colgaba me dolía la herida, que cuando “comía”, si no lo hacía lo suficientemente lento, me daban las punzadas…. Y que no podía hacer del dos. Así es. Del dos.

         Yo asumía que era normal porque realmente sólo ingería líquidos, pero cuando mi papá le preguntó al doctor si esto era normal, le respondió que era normal siempre y cuando no tuviera ganas, pero si para el martes aún no obraba, que entonces “me daría indicaciones”. El problema, es que me empezaban a dar ganas, pero no podía. Tomé las palabras del doctor como “o cagas para el martes, o cagas”. Creo que mis padres lo tomaron igual porque empezaron a urgirme que empezara a beber licuados de papaya, que eran una de las opciones de la dieta. Yo odio la papaya, me da asco. Pero era una situación extrema. Así que, como dicen en inglés “I took one for the team”, o sea, “me sacrifiqué por mi equipo”, y empecé a beber licuados y yogurt de papaya. Saben horribles. Aún los detesto. Bueno, el Activia de papaya sabe bien. Lo admito.

        El lunes por la tarde, volví a sentir ganas. «¡Hoy es el día!» pensé. Me esforcé por alrededor de 20 minutos, y mi resultado fueron tres miserables bolitas de conejo.

       –Bueno, al menos ya salió algo –dijo mi papá.
       Si bien tenía razón, no me sentía satisfecha. Era como un reto, sabía que podía dar más. Pero no hubo más cambios.


         Al día siguiente me desperté temprano para acudir a la cita con el doctor para que me retiraran el dren. Yo sabía que e iba a doler, después de todo, cualquier movimiento me hacía dolorosamente consciente de la manguera. El doctor me dijo que “sólo sería una molestia”, pero que no me dolería. Sabía que mentía. Es una manguera dentro del estómago. Claro que te va a doler. Me pidió que me recostara en un sofá que tenía; mi papá se quedó al lado, en el escritorio del doctor. No era que estuviera mentalizándome que me iba a doler, es una de esas cosas que sabes que son un hecho, como en las elecciones pasadas que sabías que EPN iba a quedar de presidente.

          El doctor hizo los cortes de los alambritos, no me dolió mucho, eso en sí fue la molestia. Y después, ¡madres! Un jalón. Sentí cómo se me revolvieron muchas cosas adentro de la panza, y el dolor fue tan fuerte que me sacó un gritito y me hizo llorar. “Ya salió, ya salió” me decía para tranquilizarme, pero no sirvió de nada. Por un segundo mi mirada se posó en la cara del doctor y su expresión era de “¿En serio estás llorando por esto?” No me solté a llorar como una niña, pero sí me aguanté de no dejar caer lágrimas y caminé lo más ceremoniosamente posible al escritorio. Me recetó más medicamento, unas vitaminas, y regresé a casa. De inmediato pude sentir una diferencia al caminar sin el dren. No caminaba tan lento, y no me dolía ya tanto, a pesar de sentir las molestias de la herida. Sin duda fue una mejora considerable.

         Todo transcurrió normalmente por el resto del martes. El pan de barra tostado se me sigue antojando, pero no lo puedo comer.

         Para el martes en la tarde me volvieron a dar ganas. «Round 2».

         Fue como dar a luz. Ahí lo sentía, ahí venía, pero no podía. Utilicé técnicas de respiración y pujé. Hasta me di golpesitos en la rodilla, según eso ayuda. Después de batallar, la misión fue un éxito rotundo. No fueron bolitas de conejo, fue algo decente. Pude escuchar “Weeeee are the chaammpiooons, my frieeeennndd” de Queen cuando todo terminó. Me lavé las manos, caminé victoriosamente fuera del baño, y cuando vi a mi papá en la sala, le alcé los pulgares, contenta.

         –¡Es todo! –me dijo, también orgulloso.

         Bueno, supongo que voy mejorando.