Se acerca el próximo 22 de julio un año desde que me sometí a una gastroectomía. He bajado de peso bastante, de los 150 kilos ahora peso 102. ¿Estoy contenta por eso? Sí. ¿Lo hubiera podido lograr sólo con dieta y ejercicio? No. Pero... ¿estoy contenta con mi desición? No lo sé. Han habido cambios por los cuales yo no estaba preparada, cambios en donde más me duele. Cambio que me frustran. Cambios que me hacen sentir derrotada más que sentirme victoriosa. Antes de que siquiera pensara en operarme, tenía ataques de miedo donde me rehusaba a comer por temor a morirme. Otra vez estoy rehusándome a comer, porque cualquier cosa que como, me sienta mal. Me siento quebrada, derrotada. Como si no quisiera luchar más. Mañana que es el dia del padre, no sé qué haré. Tengo mucho miedo, no quiero arruinar su día sintiéndome mal por algo que coma.
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sábado, 18 de junio de 2016
Se acerca un año~
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viernes, 31 de julio de 2015
Las heridas que no sanan.
Ya antes había mencionado que la papaya y yo no nos llevamos bien, pero que la había empezado a tomar por causas extremas (véase el post anterior). No es por exagerar, pero tomar licuado de papaya realmente para mí significó un buen esfuerzo de mi parte, y una vez lograda la misión, pensé que podría estar libre del yugo tirano de aquella fruta. Mi mamá, quien es la que generalmente se encarga de hacer esas comidas, estaba en la cocina cuando aproveché para pedirle que en lugar de licuado de papaya, me preparara un jugo de manzana. Sin ningún problema, sin ningún reproche, sin realmente ningún problema, aceptó. El problema estuvo que 5 minutos después, me trajo licuado de papaya. Está de más decir que le pregunté por qué me había ofrecido esto cuando le había pedido otra cosa. Ella alegó que el licuado de papaya me era más saludable, y que prefería que tomara el licuado en lugar del jugo, a pesar de que ambas están recomendados en la dieta que me dieron en el hospital.
Obviamente se armó una discusión, y mi papá intervino. Cuando esto sucede… a mí me da miedo. La cosa pareció ir en serio, y yo reaccioné poniéndome de pie, saliendo al patio y salir a caminar. Una sensación de culpa me invadió. Estos pensamientos de que debí haber dicho tal cosa en lugar de lo otro, o debí haber hecho esto otro me rondaron la mente hasta que empecé a llorar. Las peleas entre mis padres han sido parte de la cultura familiar, pero cuando llegan a un cierto nivel, yo entro en pánico. Cuando las cosas se calmaron, yo regresé a la sala, y de ahí las cosas ocurrieron normalmente. Me extrañó un poco que empezara a llorar. Estoy acostumbrada a estas cosas. Pero si algo he notado, es que los primeros días en casa estuve demasiado sensible, no sé si sea por la operación. Vi un video de gatos, lloré. Vi un video de un gordito que bailaba, lloré. Mi mamá se rehusó a comer con nosotros en la mesa, lloré.
Por otro lado, las heridas en la panza no han cerrado bien. Desde que me quitaron el dren, me ha estado saliendo líquido por las heridas, a veces a chorros; inclusive hoy manché las almohadas donde dormía. Cansada un poco de la situación, le pedí a mi papá que le marcara al doctor. Me daba miedo que hubiera algo interno que no haya sanado bien, que me hubieran lastimado algo cuando me sacaron el dren o que por algo tuvieran que operarme de nuevo. Cuando mi papá se comunicó con él, le dijo que era normal y hasta esperado; es más, que exprimiera un poquito las heridas. Así que hoy me he puesto de nuevo las gasas. Les debo las fotos todavía. Les prometo que las subiré pronto.
Obviamente se armó una discusión, y mi papá intervino. Cuando esto sucede… a mí me da miedo. La cosa pareció ir en serio, y yo reaccioné poniéndome de pie, saliendo al patio y salir a caminar. Una sensación de culpa me invadió. Estos pensamientos de que debí haber dicho tal cosa en lugar de lo otro, o debí haber hecho esto otro me rondaron la mente hasta que empecé a llorar. Las peleas entre mis padres han sido parte de la cultura familiar, pero cuando llegan a un cierto nivel, yo entro en pánico. Cuando las cosas se calmaron, yo regresé a la sala, y de ahí las cosas ocurrieron normalmente. Me extrañó un poco que empezara a llorar. Estoy acostumbrada a estas cosas. Pero si algo he notado, es que los primeros días en casa estuve demasiado sensible, no sé si sea por la operación. Vi un video de gatos, lloré. Vi un video de un gordito que bailaba, lloré. Mi mamá se rehusó a comer con nosotros en la mesa, lloré.
Por otro lado, las heridas en la panza no han cerrado bien. Desde que me quitaron el dren, me ha estado saliendo líquido por las heridas, a veces a chorros; inclusive hoy manché las almohadas donde dormía. Cansada un poco de la situación, le pedí a mi papá que le marcara al doctor. Me daba miedo que hubiera algo interno que no haya sanado bien, que me hubieran lastimado algo cuando me sacaron el dren o que por algo tuvieran que operarme de nuevo. Cuando mi papá se comunicó con él, le dijo que era normal y hasta esperado; es más, que exprimiera un poquito las heridas. Así que hoy me he puesto de nuevo las gasas. Les debo las fotos todavía. Les prometo que las subiré pronto.
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miércoles, 29 de julio de 2015
No leas este post mientras estés comiendo.
Advertencia:
este post trata sobre hacer del dos. Lee bajo tu propia discreción.
Varias
cosas me tenían frustrada durante mis primeros cuatro días en
casa. Al salir del hospital, me habían dado cita para el martes para
poderme retirar el dren. El
no poder dormir, los dolores en mi panza, tener que estar cuidando el
dren, que cuando éste me colgaba me dolía la herida, que cuando
“comía”, si no lo hacía lo suficientemente lento, me daban las
punzadas…. Y que no podía hacer del dos. Así es. Del dos.
Yo
asumía que era normal porque realmente sólo ingería líquidos,
pero cuando mi papá le preguntó al doctor si esto era normal, le
respondió que era normal siempre y cuando no tuviera ganas, pero si
para el martes aún no obraba, que entonces “me daría
indicaciones”. El problema, es que me empezaban a dar ganas, pero
no podía. Tomé las palabras del doctor como “o cagas para el
martes, o cagas”. Creo que mis padres lo tomaron igual porque
empezaron a urgirme que empezara a beber licuados de papaya, que eran
una de las opciones de la dieta. Yo odio la papaya, me da asco. Pero
era una situación extrema. Así que, como dicen en inglés “I took
one for the team”, o sea, “me sacrifiqué por mi equipo”, y
empecé a beber licuados y yogurt de papaya. Saben horribles. Aún
los detesto. Bueno, el Activia de papaya sabe bien. Lo admito.
El
lunes por la tarde, volví a sentir ganas. «¡Hoy es el día!»
pensé. Me esforcé por alrededor de 20 minutos, y mi resultado
fueron tres miserables bolitas de conejo.
–Bueno,
al menos ya salió algo –dijo mi papá.
Si
bien tenía razón, no me sentía satisfecha. Era como un reto, sabía
que podía dar más. Pero no hubo más cambios.
Al
día siguiente me desperté temprano para acudir a la cita con el
doctor para que me retiraran el dren. Yo
sabía que e iba a doler, después de todo, cualquier movimiento me
hacía dolorosamente consciente de la manguera. El doctor me dijo que
“sólo sería una molestia”, pero que no me dolería. Sabía que
mentía. Es una manguera dentro del estómago. Claro que te va a
doler. Me pidió que me recostara en un sofá que tenía; mi papá se
quedó al lado, en el escritorio del doctor. No era que estuviera
mentalizándome que me iba a doler, es una de esas cosas que sabes
que son un hecho, como en las elecciones pasadas que sabías que EPN
iba a quedar de presidente.
El
doctor hizo los cortes de los alambritos, no me dolió mucho, eso en
sí fue la molestia. Y después, ¡madres! Un jalón. Sentí cómo se
me revolvieron muchas cosas adentro de la panza, y el dolor fue tan
fuerte que me sacó un gritito y me hizo llorar. “Ya salió, ya
salió” me decía para tranquilizarme, pero no sirvió de nada. Por
un segundo mi mirada se posó en la cara del doctor y su expresión
era de “¿En serio estás llorando por esto?” No me solté a
llorar como una niña, pero sí me aguanté de no dejar caer lágrimas
y caminé lo más ceremoniosamente posible al escritorio. Me recetó
más medicamento, unas vitaminas, y regresé a casa. De inmediato
pude sentir una diferencia al caminar sin el dren. No caminaba tan
lento, y no me dolía ya tanto, a pesar de sentir las molestias de la
herida. Sin duda fue una mejora considerable.
Todo
transcurrió normalmente por el resto del martes. El pan de barra
tostado se me sigue antojando, pero no lo puedo comer.
Para
el martes en la tarde me volvieron a dar ganas. «Round 2».
Fue
como dar a luz. Ahí lo sentía, ahí venía, pero no podía. Utilicé
técnicas de respiración y pujé. Hasta me di golpesitos en la
rodilla, según eso ayuda. Después de batallar, la misión fue un
éxito rotundo. No fueron bolitas de conejo, fue algo decente. Pude
escuchar “Weeeee are the chaammpiooons, my frieeeennndd” de Queen
cuando todo terminó. Me lavé las manos, caminé victoriosamente
fuera del baño, y
cuando vi a mi papá en la sala, le alcé los pulgares, contenta.
–¡Es
todo! –me dijo, también orgulloso.
Bueno,
supongo que voy mejorando.
martes, 28 de julio de 2015
Los días en casa~
El segundo día que pasé en el hospital, mi psicóloga vino a visitarme, ¡y qué bueno! porque en eso llega la enfermera con la dieta que debo de seguir los primeros 10 días. Es una dieta exclusivamente líquida, nada más de 100 ml, cada 3 horas. Seguro lo hablaré con ella en alguna de mis sesiones futuras con ella.
Me dieron de alta el viernes por la mañana. Me costaba caminar porque era muy incómodo con el dren colgando. Cuando he contado esta experiencia, muchos no saben qué es. El dren es un aparatito que está conectado a la herida interna que te drena (valga la redundancia) los fluidos de la herida.
La expresión lo dice todo.
Me dieron de alta el viernes por la mañana. Me costaba caminar porque era muy incómodo con el dren colgando. Cuando he contado esta experiencia, muchos no saben qué es. El dren es un aparatito que está conectado a la herida interna que te drena (valga la redundancia) los fluidos de la herida.
Siempre que caminaba me daba mucho miedo tirar de él y lastimarme así que caminaba despacito, y aún así me dolía un poquito, pero era tolerable. Por ende, dormir seguía siendo un problema para mí. Yo no puedo dormir de espalda, tengo que estar de lado. Por suerte, el lado donde duermo no tenía el dren. Sin embargo, por miedo a moverme, y dada mi experiencia con el sofá, no quise dormir acostada. Mi papá me ayudó muchísimo, me construyó a base de almohadas una manera de dormir, pero el colchón resultó demasiado duro y a la hora me dolía mucho el trasero y tenía que levantarme a caminar, o mínimo sentarme mejor. Moverme un poco me resultaba doloroso y tenía que hacerlo con mucho cuidado. Dormía a ratitos, si es que podía. Las noches resultaron para mí difíciles, y llegué a sentirme muy frustrada. Necesité mucha ayuda, con cualquier cosa.
–Papá, ¿me prendes el ventilador?
Ahí va mi papá a prender el ventilador.
–Papá, se me cayó una almohada/necesito añadir/quitar una almohada.
Ahí va mi papá a ayudarme.
No podría dormir y me paraba a caminar y mi papá se despertaba. –¿Todo bien? ¿Cómo te sientes?
–No puedo dormir, voy a dar unos pasitos.
Terminaba de dar mis pasitos, y me acostaba. Ahí iba mi papá a asegurarse que lo tuviera fácil. Le llamaba ara cualquier cosa porque no podía agacharme o doblarme, tanto así que prefirió quedarse a dormir conmigo. Nos despertábamos a las 2 y a las 4 de la mañana para tomarme las medicinas.
–Si no puedes dormir, agarra sueño con la tele --me dijo--, súbele al volumen si quieres, no me molesta.
A mí me daba mucha pena, pero no tenía otra cosa que hacer ni otra manera de conciliar el sueño. Una de esas noches, viendo la tele, eran como las 3 de la mañana y sentía que ya estaba medio dormida cuando llega el vecino. De una fiesta. Pitando. Hablado. Lo odie. Me levanté a la ventana para ver, total, qué más podía hacer? Por alguna razón la vecina estaba parada justo en la entrada del garage para meter el carro, y no se movía y por eso el vecino la quitaba. En serio, son las tres de la puta mañana. ¿Qué necesidad? Escuché toda la conversación, porque tienen la voz muy alta. Por un momento me volví en la vecina amargada cascarrabias que los regaña por todo, al menos en mi mente. Así estuvieron fácil unos... 10 minutos. Cuando terminaron de hacer lo suyo y regresó el silencio, me tomé la medicina de las 4 am y me volví a acostar. Al menos eso me había servido para descansar el trasero. Estaba tan casada que ya empezaba a dormirme. Y mi papá, quien espero que siempre Dios me lo cuide, empezó a roncar.
. . .
Me dieron ganas de llorar. Estaba increíblemente frustrada. Estaba empezando a preocuparme por no poder dormir, después de todo, llevaba semanas antes de la operación con problemas de sueño. Desperté a mi papá, le dije que me bajaría al sillón de la sala, porque estaba muy cansada de la cama, y que quería dormir abajo. Me acompañó con las almohadas, me ayudó a instalarme, y por fin pude dormir unas 4 horas, aunque desperté con los pies hinchadísimos.
Ese día pasó bien, en general. Mi mamá me ha ayudado muchísimo con mantenerme y prepararme las comidas, yo sé que no podría hacerlo pues soy muy floja y torpe para estar como relojito con eso. Como le dijo mi papá, parte del éxito de mi dieta es en gran parte a ella.
Comiendo crema de zanahoria.
Creo que fue la noche siguiente, cuando, en mi insomnio, y mi papá estaba intentando dormir a mi lado, que me aburrí de la tele y quise usar la laptop, pero como estaba en la sala y no tenía donde ponerla, no la podía usar. En eso tuve una idea genial.
–Papá, he tenido una idea grandiosa, creo que nos vamos a hacer ricos.
Mi papá se emocionó, me miró y me pidió que le contara. Se me había ocurrido una mesita para laptops, donde a mesa fueran ventiladores para mantener la laptop fría, con espacio para el mouse, y que fuera ajustable tanto de inclinación como de altura. Como en mi vida he visto una, pensé que sería una gran idea. La emoción no me quitó el sueño, pero sí pensé en bocetarla y pedir ayuda para llevar a cabo un prototipo. Al día siguiente busqué en Internet. Ya existe. ¿Alguien me compra una? No están caras. Ahí se fue mi gran idea.
No fue hasta la última noche cuando me atreví a dormir acostada. Como mi papá me hacía las curaciones y me tenía que acostar un buen rato para limpiar las heridas, me daba sueño. Como las otras veces, me construyó a base de almohadas maneras para dormir. Puso una almohada larga (de esas para el cuerpo) para que me pudiera inclinar cómodamente. Yo puse una chiquita en la cadera, porque si algo aprendí, es que la nuca, la cadera y atrás de las rodillas necesitan estar con un buen soporte para poder estar cómodas. Tip, para futuras ocasiones. Dormí. Dormí horas seguidas. No me dolió nada, y como subí los pies a una almohada, se me quitó lo hinchado. Fui feliz por dos noches seguidas.
Hoy, martes, me quitaron el dren. Pero esa historia va para mañana.
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