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sábado, 18 de junio de 2016

Se acerca un año~

Se acerca el próximo 22 de julio un año desde que me sometí a una gastroectomía. He bajado de peso bastante, de los 150 kilos ahora peso 102. ¿Estoy contenta por eso? Sí. ¿Lo hubiera podido lograr sólo con dieta y ejercicio? No. Pero... ¿estoy contenta con mi desición? No lo sé. Han habido cambios por los cuales yo no estaba preparada, cambios en donde más me duele. Cambio que me frustran. Cambios que me hacen sentir derrotada más que sentirme victoriosa. Antes de que siquiera pensara en operarme, tenía ataques de miedo donde me rehusaba a comer por temor a morirme. Otra vez estoy rehusándome a comer, porque cualquier cosa que como, me sienta mal. Me siento quebrada, derrotada. Como si no quisiera luchar más. Mañana que es el dia del padre, no sé qué haré. Tengo mucho miedo, no quiero arruinar su día sintiéndome mal por algo que coma.
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Todos los textos e imágenes publicados son copyright ©2015-2016, AwesomeKilljoy A menos que se especifique lo contrario.

domingo, 10 de abril de 2016

Fuera con lo viejo, venga con lo nuevo.

Han habido algunos cambios en mi vida, mayormente malos. Como no he escrito en mucho tiempo, sólo mencionaré lo más relevante. Del 19 al 26 de marzo, salí de vacaciones a Guadalajara (¡Cupe sin problemas en los asientos el avión!). Antes de este vieja, me detectaron cáculos biliares, Mi doctor me dijo que no era algo muy urgente aún asíque me podía ir de viaje tranquilamente, pero mi nutrióloga me dio una dieta muy específica. Para hacer las cosas más cortas, prácticamente me quitó todo: grasas (me dolió que me quitara el aguacate y el queso), cosas fritas o empanizadas (cosas que realmente no como mucho), frutas con semillas, tomate, cítricos y carne roja. Vaya vacaciones, ¿no? Se me quedó muy grabado que mis amigas comieron en un restaurante birria, tortas ahogadas (me moría por probar una yo también) y yo con un triste consomé de pollo. Para acabarla de amolar, al parecer soy de esas personas que no pueden hacer del dos fuera de casa, y por no obrar en una semana, me dieron unas hemorroides horribles, al punto de que tuve que hacer una cita con un especialista en mis vacaciones. Sin embargo, antes decidí comer el chingomadral de concentraros de ciruela y tomarme unas Nixon. Resultó más o menos, pero nomás llegué a casa y todo regesó a la normalidad. En el avión te botan todos los malos, así que las tres horas de viaje de mi ciudad a Guadalajara me empezaba a doler mucho el costado, al punto de sudar frío. Estoy haciendo planes para volverme a operar, pero como no tengo ni un peso en donde caerme muerta (eso me pasa por irme a Guadalajara, supongo) tengo que juntar primero. Tengo entendido que las personas que han pasado por una gastroectomía son más propensas a sufrir de cálculios biliares, supongo que eso es algo que se le olvidó a mi doctor decirme.

He batallado un poco con esta nueva dieta, porque a donde vaya, fuera de casa, hay carne roja, o cosas fritas, o pescado. Recuerdo haber dicho antes que yo era muy especialita para la comida, así que no como carne roja o blanca tan fácilmente cuand voy a un restaurante. En fin hago lo que puedo. Pan, modero las grasas, el limón no lo evité, eso sí... lo único de lo que realmente me cuidé fue de la carne roja.

Consegí un contador de calorías, cosa que me ayuda mucho. Cuando te das cuenta que, ¡UNA REBANADA DE PIZZA DEL COSTO TIENE SEISIENTAS VEINTE MLADITAS CALORÍAS! en serio te dan ganas de no comerte esa rebanada. Lástima que las conté después de comerlas de haber sabido no aceptaba esa rebanada. Ok, fueron dos. Pero ya qué, aprendí la lección. No más pizza del Costco. También te das cuenta de que un mazapán, un delicioso y dulce mazapán es más traicionero que la puta madre y tiene las mismas calorías que una comida completa. A veces, cuando recuerdo contar las calorías antes de comérmelas, sí me ayuda a recapacitar y a comerme o la mitad o nada. También encontré un pedómetro para el celular que, wow, maravilla, puede sincronizarse con el contador de calorías  y automáticamente se añaden para decirte cuántas calorías te quedan al día. Dejaré los links en la sección de al lado, por si a alguien le interesa. Abas son para el celular, pero el contador de calorías también puede ser consultado vía web.

Una de las cosas que me han estado pasando últimamente me han impulsado a hacer cambios donde tengo que deshacerme de lo viejo para hacer lugar a lo nuevo o para darme cuenta de las cosas que me faltan. Por ejempl, hoy tiré zapatos viejos, pantalones que ya me quedan muy grandes, blusas enormes, ropa que sencillamente ya no es para mí. (Lo relaciono con los kilos que he acumulado en mi vida, y como quiero bajar de peso, el eliminar las cosas de mi vida que ya cumplieron su función es un reflejo de eliminar los kilos de más de mi cuerpo). Lo curioso es que, hoy sacando toda esa ropa de mi clóset, me encontré con el vestido de graduación de mi primera carrera, por ahí del 2005. ¡Me sorprendió saber que me queda grande! O sea, estoy pesando menos/más delgada que cuando estaba en e 2005. Eso sí que me sorprendió.

Ya quedan tres meses para cumpir un año de operación. Qué rápido va el tiempo, ¿no es así? Cuano cumpla un año, subiré una foto de un antes y después. No haré una hasta julio, quiero sorprenderme, para bien o para mal, junto con ustedes. También tengo otras cosas que quiero eliminar, pero es difícil cuando tienes arraigada la creencia de "aún puede servir en el futuro" o "tiene valor sentimental". Pero ya me sobrepondré a ello, como me sobrepuse a tirar mucha ropa que ya no me quedaba.

jueves, 18 de febrero de 2016

"Ya no veo que estés bajando, hija."

... Am I?

Podrán deducir algunos en mi entrada pasada que no me fue bien con la nutrióloga. Por fin sucedió; me caí de la carreta y ahora toca volverme a subir. Pero me está costando mucho subirme de nuevo. Me siento abrumada, me siento decepcionada, me siento desesperanzada.

Traigo el amor propio algo bajo porque siento que no puedo, que los 40 kilos que ya bajé son lo más que bajaré en toda mi vida. De hecho, ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿Quién soy en la escala de la humanidad? ¿Importa? ¿Por qué estoy aquí? Siempre he sentido que estoy viviendo en tiempo extra, que el árbitro que marca los tiempos del partido de mi vida ha olvido pitar. La edad, la presión social... «estás muy joven»...  no me alcanza. No logra impactarme, no logra hacerme algún efecto.

Una vez alguien intentó hacerme un cumplido, me dijo «Estás en tu mejor momento, estás en la mejor edad de tu vida», pero yo creo que esa persona no lo pensó muy bien, porque ese ha sido el peor cumplido que me han hecho. Después de todo, si estoy en el mejor momento de mi vida el único camino que queda es para abajo, y yo aquí valiendo madre. No soy independiente, mi trabajo me abruma, tengo miedo de hablar con extraños y probablemente mi vida siga así y muera sola y soltera.

El otro día fui a comer al Subway porque no hubo comida en la casa. Cuando entré, estaba un chico limpiando la mesa. No era particularmente guapo, pero tampoco se me hizo «feo». Me vio de una manera que sólo puedo describir como Juan Diego seguramente habría visto a la virgen de Guadalupe. No es que yo sea como ella, pero eso fue lo que sentí. Yo sé que tengo ojos muy bonitos, y ya sé cuando alguien se me queda viendo porque mis ojos hicieron algún tipo de impacto en la persona y estoy hasta cierto punto acostumbrada a eso, pero la mirada de este chico logró que me cohibiera un poco, logró que quisiera lanzarle alguna miradilla desde el otro lado del local. El chico se regresó detrás del mostrador para preparar mi orden. Mientras le decía que quería un subway de teriyaki con todo menos aceitunas y chiles güeros, se vuelve a mirarme, y por fin me dice «Me encantan tus ojos». Le di las gracias y pensé «Va, ahora sí le hablaré a un chico. Le preguntaré su edad, qué sé yo, a ver si tiene novia.» Pregúntenme si lo hice.

No. No lo hice.

Soy una cobarde de shit, como dirían algunos amigos.

Me distraje un poco de mi tema inicial. Con todo esto iba que, aunque me siento muy decepcionada e indefensa ante el placer que me brinda la comida, he ideado alguna estrategia que no sé si funcione. Después de todo, tampoco escribo muy seguido aquí en el blog. Empezaré a rendirle cuentas al Internet y a los dos o tres lectores de mi blog. Empezaré (a intentar) a subir fotos de lo que coma. A ver si así mínimo me da algo de vergüenza y pienso dos veces. La idea es que no omita las fotografías, mínimo así me castigo yo sola confesando mi delito. A ver si así aprendo.

Empezaré esta misma noche.
Cené un yogurt para beber, una barrita de Frutella y medio pepino con chile y limón. Ah sí, y mi té caliente. No podía faltar.



lunes, 1 de febrero de 2016

La maldición del huevo mágico.

El sábado fui al cine. Para los cinéfilos que gustan de la animación japonesa como a mí, vi una que se llama "Anthem of the Heart". Muy bonita, se las recomiendo ampliamente.

Fui de las primeras en sentarme en las butacas para esperar el inicio de la función. Y claro, como ir al cine y no comer porquerías es un desperdicio de salida, me compré unos nachos; pequeños, claro, y nada más. No palomitas, no soda... sólo unos nachos. Crucé la pierna para esperar, porque ya las puedo cruzar después de ya 40 kilos perdidos, y me senté en la butaca sin necesidad de levantar el descanzabrazos para sentarme, eso me fue una grata sorpresa. Estaba escuchando atentamente los anuncios antes de los trailers, cuando por mi lado pasa un chico apuesto. Cabello largo, atado; lentes, piel morena, delgado. No era un Adonis pero sí logró que me le quedara viendo un momento y lo observara con la mirada. De hecho, por un segundo, cruzamos una mirada, e hice mi mejor esfuerzo por sonreírle, al menos. Iba solo, y se sentó solo a unos tres o cuatro asientos a mi izquierda. En mi mente, me acerqué a él, y sostuve una conversación con él, más o menos así:

-- Hola, ¿puedo decirte algo sin ánimos de ofenderte ni de incomodarte? --(Claro que esa no sería lo más apropiado, pues estoy segura que ciertamente tendría el efecto contrario, pero al menos es lo que realmente pensaba.)

El muchacho me miraría con asombro, quizá hasta con desconfianza e incomodidad, pero por cortesía, me hubiera dicho que sí.

-- Pienso que eres un chico guapo --Le hubiera sonreído, para hacer eso menos incómodo para ambos y me hubiera retirado pronto--. Sólo eso. Bueno, disfruta la película.

Si no hubiera logrado nada más que aquella conversación, hubiera estado contenta. Pero no me atreví. Después de pensarlo, lo haría después de ver la película.

La película empezó, y ciertamente fue muy emotiva. Irónicamnte trataba de una chica que no podía hablar, puesto que en su infancia había sido demasiado parlanchina y así delató con su madre sin querer, y con inocencia, a su padre que tenía un amorío. Su padre le acusó de que la familia se rompiera era culpa de ella, su madre tampoco le dio mucha confianza y entonces un huevo mágico se apareció y le dijo que le ayudaría. Le echó una maldición donde cada que intentara hablar, le dolería el estómago y necesitaría ir al baño, supongo que a vomitar del dolor. La película trata sobre su lucha para recuperar el habla y decir, en efecto, lo que realmente sentía o pensaba. Una pedrada muy apropiada, ¿no? Con lo chillona que soy, la película me hizo llorar bastante, y como yo cuando lloro me da muchísimo sueño, me estaba quedando dormida en el cine. Recordé que tenía unos dulces en mi bolsa y al comerlos, se me quitó el sueño.

La película se acabó, y miré a mi izquierda para ver al muchacho. Seguía ahí. Pero no pude, no me atreví. Quizá el huevo me lanzó la maldición a mí también. El muchacho se puso de pie, y yo en un impulso, también. Empezó a caminar, y yo lo dudé un segundo, pero también lo empecé a seguir.

No contaba con que el muchacho caminaba muy rápido.

«¡Hey, espera!» Le grité en mi mente, mientras él se alejaba cada vez más y la gente que se retiraba de sus butacas se metía en mi camino. «¡Tengo algo que decirte!» Caminó fuera de cine, y ya estaba muy lejos para alcanzarlo, pues cuando salí yo, a duras penas pude ver su coleta girar a la derecha para salir al pasillo que llevaba a la salida. Entonces, me rendí. No solamente la tristeza de la película aún estaba sobre mí, pero esa situación en sí me hizo sentir aún más triste. Son momentos como estos los que me hacen sentir increíblmente insegura, y me hacen creer que seguiré, como dicen en Internet (y para evitar sonar más dramática) Forever Alone.

Imagen relacionada; Jun, la protagonista.
Así me quedé yo mientras veía al chico irse.

martes, 29 de diciembre de 2015

Para concluir el año.

Sí, sé que tengo este blog abandonado. Iba a esperar hasta que se cumplieran 6 meses desde que me sometí a la operación para hacer un recuento de mis experiencias para tener algo sustancial que decir, pero dado que son fechas navideñas y el Año Nuevo está a la vuelta, pensé que sería lo más apropiado adelantar la fecha.

Desde el 22 de julio hasta el 21 de diciembre, he perdido 36 kilogramos. Han sido un cambio importante sin duda alguna, porque mi ropa es diferente, mi cuerpo es diferente, y mi manera de comer es diferente.

Esto me casa sentimientos encontrados. Estoy contenta por bajar de peso y de lo que eso refleja en mi salud. Antes, cuando pesaba 150 kilogramos, podría estar gorda, pero mis senos eran generosos. Ahora encuentro que no lleno la copa, a pesar de que el elástico ya me queda bien, sin necesidad de expansiones. Los pantalones se me caen, así como el cabello. Me da miedo bañarme porque si me paso el peine, se me viene mucho cabello. No es lo mismo, pero me recuerdo a una paciente con cáncer. El otro día que me bañe, si me solté llorando porque me asustó mucho, y a pesar de que es algo que me dicen que es normal, no me gusta. Me siento más fea, pues la piel me cuelga mucho, y se que no hago el ejercicio que debería, pero la verdad es que no me motiva hacer otra cosa que no sea natación.

¿Por qué no me compro ropa? Me he comprado ropa pero como sigo bajando, me queda floja al mes y no quiero estar gaste y gaste en algo que dejaré de utilizar en un corto periodo de tiempo. Me he comprado unos pantalones, pero muy pocos.

También se me hace muy difícil aún las porciones de comida. Cuando me sirven un plato de comida, automáticamente siento una molesta porque siento que es muy poco, pero como apenas un bocado y ya me siento llena. No me molesta comer poco, supongo, me molesta no poder aceptar que como poco o que lo que me sirven es lo justo para mí. Igual termino dejando la mayor parte del plato, o me llevo la mitad que me sobra del restaurante a la casa para el día siguiente, pero me molesta.

Para cerrar este tema, recuerdo haberle dicho a algunos amigos y familia que me tuvieran paciencia, porque este cambio era enorme y profundo para mí y que mi humor estaría fluctuando mucho y esas cosas. Agradezco infinitamente quienes han permanecido conmigo, porque me aguantan en momentos que yo no lo hago. Se quedaron conmigo en momentos donde yo me desprecio y me aborrezco, motivada por miedo, por mi auto-sabotaje, por mi orgullo.

Prometo escribir más seguido.

Felices fiestas.

viernes, 28 de agosto de 2015

Los resultados están aquí.

         No voy a hacer este post muy largo. Desde que empecé el proceso de la operación hasta la fecha, he perdido 20 kilogramos. Empecé con un peso de 150 kg y ahora estoy en 132. Ok, son 18, pero estoy redondenado. El doctor me dijo que pesaba 129 y la nutrióloga 132. Empiezo a notar diferencias en la ropa, ya me queda más floja y me puedo abrochar el pantalón del uniforme más fácil sin sentir miedo al botonazo.
         La nutrióloga me dio una dieta con comidas mucho más variadas, ya no tengo que comer lo mismo todos los días; de hecho gracias a un (afortunado) accidente en mi casa, ayer comí fuera por primera vez en casi dos meses. Comí sushi. No el que me gustaba comer antes pero uno vegetariano (la nutrióloga me dijo que podía). Generalmente me comía muy a gusto las 8 porciones que te dan, y en un día de verdadera gula, me hubiera podido comer otros 4. Bueno, a duras penas llegué a la mitad. Me comí 4 porciones de sushi y las otras 4 me las traje al trabajo.

         Todos estos cambios de alguna manera consciente o inconsciente me están provocando mucha inestabilidad. Necesito mucho apoyo, mucha paciencia y mucha tolerancia de mis amigos, pues me siento como una adicta en recuperación, como esas de AA. Momentos como estos donde estoy demasiado propensa a cambios de humor, son los momentos donde siento que tengo que subir mis defensas emocionales y aparte, esconderme porque sé que las palabra que salen de mi boca, a pesar de que no son malintencionadas, van a salir un tanto crudas o sin tacto. Ya he cobrado mis primeras víctimas, sienta o no que haya hecho algo malo. Estoy en esos momentos donde estoy de "ámame ahorita que no lo merezco porque es cuando más lo necesito".

         Por si fuera poco, no sólo estoy lidiando yo sola con mis propios cambios, reacciones que no comprendo de mí misma, y todo eso, sino que encima siento que se me está cayendo el mundo a pedazos por situaciones familiares que me revuelven recuerdos de la infancia, donde me ponen demasiado nerviosa y asustada, donde tengo que estar súper alerta a cualquier ruido o ambiente que sienta que no es normal.

        La sensación de soledad emocional se intensifica y la seguridad emocional que necesito no puedo encontrarla en ningún lado. ¿Por qué me aventé a este cambio tan grande?


 Foto no relacionada con el post. Es un hilo de plástico, supongo que de sutura, que me saqué de una de las heridas.



miércoles, 19 de agosto de 2015

It could have been me~

          Ya sé que no debo adelantarme ni vivir en el futuro. Ya sé que no debo preocuparme. Pero hay cosas que estoy esperando vivir, cosas de las que tengo muchas ganas; pero no sé conseguir. La gente me dice que no me preocupe por mi edad, que aún estoy muy joven, pero, siento que me estoy quedando atrás. Y no creo que esté en edad para quedarme atrás.

          Son tantas cosas que se me hace difícil organizar mis ideas y por lo tanto me es más difícil escribir.
          
Hay una canción que me ha gustado mucho y que contribuyó a que me animara a operarme, precisamente por el mensaje. La dejaré como enlace a YouTube por si alguien quere escucharla, con una traducción.

          He estado notando que mis mejillas ya no están tan delgadas como la semana pasada. No sé si es idea mía, no sé si es algún efecto normal porque ya estoy comiendo otro tipo de cosas que no son papillas y jugos. A veces tengo ganas de vomitar en la mañana cuando me tomo mi jugo de manzana, y en la noche, cuando ceno el cereal, a veces se me acelera el pulso, pero como se me pasa después, no me preocupo mucho ni le comento nada a nadie.
          
Últimamente me siento emocionalmente saturada de cosas.



Could have been me (Pude haber sido yo)- The Struts

No quiero vivir como una historia sin contar
Prefiero extinguirme en una llamarada de gloria
No puedo escucharte, no te tengo miedo

Viviré ahora porque los malos mueren al último
Esquivando las balas con tu pasado roto
No puedo escucharte, no te tengo miedo ahora
Envuelto en tu arrepentimiento
Vaya gasto de sangre y sudor

Quiero saborear el amor y el dolor
Quiero sentir el orgullo y la vergüenza
No me quiero tomar mi tiempo
No quiero desperdiciar una línea
Quiero vivir mejores días
Nunca mirar atrás y decir
Ese pude haber sido yo
Ese pude haber sido yo

No quiero vivir como una melodía sin cantar
Prefiero escuchar al silencio decirme
No puedo escucharte, no te tengo miedo

No quiero despertarme el lunes por la mañana
La idea del trabajo provoca que la piel se me erize
No puedo tenerte miedo, no te escucho ahora
Envuelto en tu arrepentimiento
Vaya gasto de sangre y sudor

Quiero saborear el amor y el dolor
Quiero sentir el orgullo y la vergüenza
No me quiero tomar mi tiempo
No quiero desperdiciar una línea
Quiero vivir mejores días
Nunca mirar atrás y decir
Ese pude haber sido yo
Ese pude haber sido yo

domingo, 26 de julio de 2015

El segundo día y dada de alta

          Mis padres estuvieron conmigo el primer día, mi madre se quedó a dormir porque mi papá debía trabajar. Mi mamá durmió muy cómodamente, como ella no tenía un drenaje colgándole, ni heridas en la panza, pudo acomodarse donde y como quiso. Yo seguía sin dormir. Sin embargo, había en la esquina de cuarto un sofá enorme, muy acolchonado. Mi madre me sugirió echarme ahí, porque era cómodo. Acepté, después de todo, ya qué. Estaba tan cómodo que me dormí hasta el día sigiente. Eran aproximadamente las tres de la mañana cuando me senté en el sofá.

          El segundo día no fue tan malo como el primero. Me desperté como a las 6 ó 7 de la mañana. Aún no podía dormir del todo bien, pero al menos ya no vomitaba cada que caminaba. Me bañé, y llegó la enfermera a hacerme las curaciones pertinentes. Mi madre regresó a la casa para bañarse y desayunar, y en eso por fin me dieron algo de comer, entre comillas. Mi desayuno fue medio vaso de hielo raspado, que lo disfruté enormemente porque desde el día de la cirugía que tenía muchísima sed. Lo malo es que cada que me caía a mi nuevo estómago, me renegaba y me dolía. Era un dolor largo y punzante, pero pasajero y no siempre sucedía cada que tragaba el hielo; duraba aproximadamente unos 3 ó 4 segundos.

           Me permitieron usar la computadora y me dieron la clave del wifi. Usé el Internet un ratito, chequé Facebook, respondí mensajes de ánimo, y en eso me traen mi comida.  Una paleta de agua sabor cereza.


         Delicioso. Me sentí como niña. Me decían las enfermeras que lo frío me ayudaría a cicatrizar mejor y yo, desde luego, no me quejé. Al poco tiempo regresó mi mamá, la enfermera me trajo más hielo (que igualmente disfruté mucho) y de nuevo, a enfrentar la larga noche que me esperaba, otra noche sin poder dormir.

sábado, 25 de julio de 2015

El primer día

       El día de la operación ya había llegado. Me había despertado a las 5:30 para llegar a las 6:30 al hospital y tener mi operación a las 7 de la mañana. Las noches previas a estas habían estado difíciles, pues había tenido una complicación de salud y uno de mis miedos más fuerte era la pregunta que siempre me rondaba la cabeza al cerrar los ojos para intentar dormir: ¿Y si no despierto de la anestesia? La respuesta de mi mamá, cuando le contaba, en lógica fue coherente y debió calmarme, pero no lo hizo. 
      
       --Pues si no despiertas, no lo vas a sentir -me dijo-, ¿de qué te preocupas entonces?"

        Fueron noches estresantes de dormir una hora dividido en ratitos, o de no dormir en general. El día que estaba en el quirófano, no me di cuenta de a qué hora me durmieron, sólo recuerdo que "me desperté" y ya estaba en el cuarto de recuperación. Ni chance de preguntarle al médico qué probabilidades había, ni de pedirle que le pasara mi última voluntad a mis padres.

        Desperté con la boca completamente seca. Horriblemente seca, pero no me dejaron tomar agua ni mojarme la lengua durante el día. Creo que ese día dormí mucho gracias a la anestesia debido a que los días siguientes que dormí en la cama médica, la odié y no podía dormir. Ni moverme podía. Le pedí a mi papá que hasta me rascara la oreja. Por suerte, mi habitación era privada, no era compartida, y tuve el aire acondicionado para mí sola. Eso fue genial. Siempre estuve bien atendida, las enfermeras hacían sus rondas, me llevaban el medicamento, el suero y todo. Al paso del día conforme me fui despertado, me dijeron que tenía que empezar a dar pasitos. Y me fui a dar mis pasitos a lo que llamamos "la pasarela de gorditos", pues no era la única que se había hecho la manga gástrica. 

        También me dijeron que vomitaría y/o que sacaría muchos gases o eruptos, pues me habían metido gases para separar no sé qué cosa allá adentro. Vomité un total de cuatro veces, con sangre.  Me preocupaba mas que nada que me fuera a lastimar el estómago.

        --No te pasará nada, y es completamente normal --me respondió la enfermera--, entre más lo hagas mejor. No dejes de caminar. Y no, aún no no puedes tomar nada. Mañana.

        Mis padres veían el partido de México vs. Panamá y medio escuchaba los comentarios de mi papá acerca de la selección. A mí ni me gusta el futbol, así que no e molestó que no me pudiera mantener despierta gran parte del partido. Así fue mi primera noche, vomitando, durmiendo a ratos, porque realmente me era muy difícil dormir. No podía apagar la luz, la cama era incómoda, me dolía el trasero, me cansaba el cuerpo... pero bueno, al menos tenía aire acondicionado.

viernes, 24 de julio de 2015

Introducción

     Desde que recuerdo, he sido gordita. De niña tenía severas críticas por parte de mi madre que pusieron hasta cierto punto un obstáculo en nuestra relación. Durante gran parte de mi vida, no me importó mucho mi peso, disfrutaba comer y del placer instantáneo que ésta me daba, cubriendo carencias con esa felicidad, resolviendo problemas con ese placer temporal. No fue hasta que empecé a preguntarme cuál era la raíz de la mayor cantidad de problemas que tenía, sociales, amorosos, personales, etcétera, y me di cuenta que mi peso me impedía sentirme segura de mí, y por ende, tener la habilidad de socializar, pues sentía que me juzgaban justo como lo hacen los medios sociales en la tele; las "bromitas inofensivas" en los programas de chistes, en los canales de "comedia", y demás. Nunca pude conseguir un novio, y si bien estoy de acuerdo que el peso no tiene que ver, pero no tenía la confianza. Tampoco tuve buenas influencias para aprender a desarrollarme con mi peso.
     Desde niña hice dietas, pero nunca logré nada. Me estancaba rápido y desarrollé una aversión por ellas dada la constante presión familiar por perder peso. Me di por vencida y decidí esconderme. Era –aún soy– reclusa en mi vida virtual. Mis relaciones eran virtuales, mis amistades también. Un día dejó de serme satisfactorio y decidí que quería conseguir algo real. Y lo hice, en cierta parte, pero no me bastó. Gracias a la terapia que había iniciado unos años antes, conseguí el valor y la posición mental para poder tomar la decisión de someterme a una manga gástrica o gastroectomía.
     Por un momento lo pospuse, dejándolo como un sueño, pues el dinero siempre fue un obstáculo. Quizá si decía que lo iba a hacer, me iban a dejar en paz, y podría vivir más feliz. Pero no fue hasta que pasaron más años y empecé a preguntarme si realmente podría hacerlo.

     Entonces conseguí el dinero, conseguí el tiempo adecuado, y otros factores me influenciaron a tomarlo en serio. Así fue como el 5 de julio, la fecha de mi cumpleaños, fue mi “última cena” como le llamé, comí con mi familia en un restaurante todo lo que quise, tuve dos semanas de dieta preoperatoria, y el 22 de julio me sometí a la operación.