Hoy es una de esas madrugadas donde por alguna razón las consecuencias de desiciones que he tomado regresan un poco más fuerte. Consecuencias con las que ahora me toca vivir pero no sé cómo tolerar.
Mi dieta no ha ibo bien particularmente esta semana. Estoy esperando ansiosamente regresar al trabajo. Tengo una bolsa de Doritos que quedaron de la cena de Año Nuevo con la que planeo amenzarme esperando a que alguien me rescate. Sí, es patético, sé cómo suena: rehén de una bola de Doritos.
No quisiera entrar en detalles profundos sobre la situación que ahorita me atormenta, pero quería dejar en el récord que efectivamente siento una relación entre esto y las ganas de querer mandar todo al diablo y ceder. De hecho, las tengo aquí al lado, "mirándome" mientras procuro no llorar por una situación que haga lo que haga ya no puedo remediar. Aún no hago nada con ellas, pero ahí están. Es como los «cutters», pero en lugar de navajas, comida. Para el caso es lo mismo. Me estoy haciendo daño a mí misma, como los alcohólicos que bebe para matar algo adentro de ellos. Bueno, también tengo un té. Pero si no fuera porque sé que la soda verdaderamente podría hacerme daño, tuviera un vaso grande de Coca Cola aquí conmigo, pero me conformo con que el veneno de elección de esta noche sea un té de manzanilla, y la bolsa de los Doritos del mal.
Me doy cuenta que no es tanto la persona o la situación, sino la elección que tomé, que resultó ser la equivocada, y que ahora veo lo que pudo ser y ya no es. He tenido la oportunidad de verme con esta persona "frente a frente" y pedirle perdón, pero por más que él diga que no pasa nada, que "estamos bien" no lo resuelve. Creo que ni siquiera fue el daño que causé, sino lo que pudo ser, lo que tuve, y lo que dejé ir.
A la vida le urge un ctrl + z. No, ese tiene un límite. Le urge un botón de «restart» para cuando necesitas volver a empezar desde el inicio. Dicen que todos los días es una oportunidad para iniciar de nuevo, pero a veces la jugada ha sido tan mierdera que el «save point» ya no es lo suficientemente bueno.
Al menos, después de unas cuántas lágrimas y una vomitada de incoherencias, ya no se me apetece tanto la bolsa de Doritos.
PD. Sin embargo, sí terminé comiendo.
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lunes, 4 de enero de 2016
Rehén de una bolsa de Doritos.
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viernes, 28 de agosto de 2015
Los resultados están aquí.
No voy a hacer este post muy largo. Desde que empecé el proceso de la operación hasta la fecha, he perdido 20 kilogramos. Empecé con un peso de 150 kg y ahora estoy en 132. Ok, son 18, pero estoy redondenado. El doctor me dijo que pesaba 129 y la nutrióloga 132. Empiezo a notar diferencias en la ropa, ya me queda más floja y me puedo abrochar el pantalón del uniforme más fácil sin sentir miedo al botonazo.
La nutrióloga me dio una dieta con comidas mucho más variadas, ya no tengo que comer lo mismo todos los días; de hecho gracias a un (afortunado) accidente en mi casa, ayer comí fuera por primera vez en casi dos meses. Comí sushi. No el que me gustaba comer antes pero uno vegetariano (la nutrióloga me dijo que podía). Generalmente me comía muy a gusto las 8 porciones que te dan, y en un día de verdadera gula, me hubiera podido comer otros 4. Bueno, a duras penas llegué a la mitad. Me comí 4 porciones de sushi y las otras 4 me las traje al trabajo.
Todos estos cambios de alguna manera consciente o inconsciente me están provocando mucha inestabilidad. Necesito mucho apoyo, mucha paciencia y mucha tolerancia de mis amigos, pues me siento como una adicta en recuperación, como esas de AA. Momentos como estos donde estoy demasiado propensa a cambios de humor, son los momentos donde siento que tengo que subir mis defensas emocionales y aparte, esconderme porque sé que las palabra que salen de mi boca, a pesar de que no son malintencionadas, van a salir un tanto crudas o sin tacto. Ya he cobrado mis primeras víctimas, sienta o no que haya hecho algo malo. Estoy en esos momentos donde estoy de "ámame ahorita que no lo merezco porque es cuando más lo necesito".
Por si fuera poco, no sólo estoy lidiando yo sola con mis propios cambios, reacciones que no comprendo de mí misma, y todo eso, sino que encima siento que se me está cayendo el mundo a pedazos por situaciones familiares que me revuelven recuerdos de la infancia, donde me ponen demasiado nerviosa y asustada, donde tengo que estar súper alerta a cualquier ruido o ambiente que sienta que no es normal.
La sensación de soledad emocional se intensifica y la seguridad emocional que necesito no puedo encontrarla en ningún lado. ¿Por qué me aventé a este cambio tan grande?
La nutrióloga me dio una dieta con comidas mucho más variadas, ya no tengo que comer lo mismo todos los días; de hecho gracias a un (afortunado) accidente en mi casa, ayer comí fuera por primera vez en casi dos meses. Comí sushi. No el que me gustaba comer antes pero uno vegetariano (la nutrióloga me dijo que podía). Generalmente me comía muy a gusto las 8 porciones que te dan, y en un día de verdadera gula, me hubiera podido comer otros 4. Bueno, a duras penas llegué a la mitad. Me comí 4 porciones de sushi y las otras 4 me las traje al trabajo.
Todos estos cambios de alguna manera consciente o inconsciente me están provocando mucha inestabilidad. Necesito mucho apoyo, mucha paciencia y mucha tolerancia de mis amigos, pues me siento como una adicta en recuperación, como esas de AA. Momentos como estos donde estoy demasiado propensa a cambios de humor, son los momentos donde siento que tengo que subir mis defensas emocionales y aparte, esconderme porque sé que las palabra que salen de mi boca, a pesar de que no son malintencionadas, van a salir un tanto crudas o sin tacto. Ya he cobrado mis primeras víctimas, sienta o no que haya hecho algo malo. Estoy en esos momentos donde estoy de "ámame ahorita que no lo merezco porque es cuando más lo necesito".
Por si fuera poco, no sólo estoy lidiando yo sola con mis propios cambios, reacciones que no comprendo de mí misma, y todo eso, sino que encima siento que se me está cayendo el mundo a pedazos por situaciones familiares que me revuelven recuerdos de la infancia, donde me ponen demasiado nerviosa y asustada, donde tengo que estar súper alerta a cualquier ruido o ambiente que sienta que no es normal.
La sensación de soledad emocional se intensifica y la seguridad emocional que necesito no puedo encontrarla en ningún lado. ¿Por qué me aventé a este cambio tan grande?
Foto no relacionada con el post. Es un hilo de plástico, supongo que de sutura, que me saqué de una de las heridas.
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viernes, 31 de julio de 2015
Las heridas que no sanan.
Ya antes había mencionado que la papaya y yo no nos llevamos bien, pero que la había empezado a tomar por causas extremas (véase el post anterior). No es por exagerar, pero tomar licuado de papaya realmente para mí significó un buen esfuerzo de mi parte, y una vez lograda la misión, pensé que podría estar libre del yugo tirano de aquella fruta. Mi mamá, quien es la que generalmente se encarga de hacer esas comidas, estaba en la cocina cuando aproveché para pedirle que en lugar de licuado de papaya, me preparara un jugo de manzana. Sin ningún problema, sin ningún reproche, sin realmente ningún problema, aceptó. El problema estuvo que 5 minutos después, me trajo licuado de papaya. Está de más decir que le pregunté por qué me había ofrecido esto cuando le había pedido otra cosa. Ella alegó que el licuado de papaya me era más saludable, y que prefería que tomara el licuado en lugar del jugo, a pesar de que ambas están recomendados en la dieta que me dieron en el hospital.
Obviamente se armó una discusión, y mi papá intervino. Cuando esto sucede… a mí me da miedo. La cosa pareció ir en serio, y yo reaccioné poniéndome de pie, saliendo al patio y salir a caminar. Una sensación de culpa me invadió. Estos pensamientos de que debí haber dicho tal cosa en lugar de lo otro, o debí haber hecho esto otro me rondaron la mente hasta que empecé a llorar. Las peleas entre mis padres han sido parte de la cultura familiar, pero cuando llegan a un cierto nivel, yo entro en pánico. Cuando las cosas se calmaron, yo regresé a la sala, y de ahí las cosas ocurrieron normalmente. Me extrañó un poco que empezara a llorar. Estoy acostumbrada a estas cosas. Pero si algo he notado, es que los primeros días en casa estuve demasiado sensible, no sé si sea por la operación. Vi un video de gatos, lloré. Vi un video de un gordito que bailaba, lloré. Mi mamá se rehusó a comer con nosotros en la mesa, lloré.
Por otro lado, las heridas en la panza no han cerrado bien. Desde que me quitaron el dren, me ha estado saliendo líquido por las heridas, a veces a chorros; inclusive hoy manché las almohadas donde dormía. Cansada un poco de la situación, le pedí a mi papá que le marcara al doctor. Me daba miedo que hubiera algo interno que no haya sanado bien, que me hubieran lastimado algo cuando me sacaron el dren o que por algo tuvieran que operarme de nuevo. Cuando mi papá se comunicó con él, le dijo que era normal y hasta esperado; es más, que exprimiera un poquito las heridas. Así que hoy me he puesto de nuevo las gasas. Les debo las fotos todavía. Les prometo que las subiré pronto.
Obviamente se armó una discusión, y mi papá intervino. Cuando esto sucede… a mí me da miedo. La cosa pareció ir en serio, y yo reaccioné poniéndome de pie, saliendo al patio y salir a caminar. Una sensación de culpa me invadió. Estos pensamientos de que debí haber dicho tal cosa en lugar de lo otro, o debí haber hecho esto otro me rondaron la mente hasta que empecé a llorar. Las peleas entre mis padres han sido parte de la cultura familiar, pero cuando llegan a un cierto nivel, yo entro en pánico. Cuando las cosas se calmaron, yo regresé a la sala, y de ahí las cosas ocurrieron normalmente. Me extrañó un poco que empezara a llorar. Estoy acostumbrada a estas cosas. Pero si algo he notado, es que los primeros días en casa estuve demasiado sensible, no sé si sea por la operación. Vi un video de gatos, lloré. Vi un video de un gordito que bailaba, lloré. Mi mamá se rehusó a comer con nosotros en la mesa, lloré.
Por otro lado, las heridas en la panza no han cerrado bien. Desde que me quitaron el dren, me ha estado saliendo líquido por las heridas, a veces a chorros; inclusive hoy manché las almohadas donde dormía. Cansada un poco de la situación, le pedí a mi papá que le marcara al doctor. Me daba miedo que hubiera algo interno que no haya sanado bien, que me hubieran lastimado algo cuando me sacaron el dren o que por algo tuvieran que operarme de nuevo. Cuando mi papá se comunicó con él, le dijo que era normal y hasta esperado; es más, que exprimiera un poquito las heridas. Así que hoy me he puesto de nuevo las gasas. Les debo las fotos todavía. Les prometo que las subiré pronto.
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