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sábado, 18 de junio de 2016

Se acerca un año~

Se acerca el próximo 22 de julio un año desde que me sometí a una gastroectomía. He bajado de peso bastante, de los 150 kilos ahora peso 102. ¿Estoy contenta por eso? Sí. ¿Lo hubiera podido lograr sólo con dieta y ejercicio? No. Pero... ¿estoy contenta con mi desición? No lo sé. Han habido cambios por los cuales yo no estaba preparada, cambios en donde más me duele. Cambio que me frustran. Cambios que me hacen sentir derrotada más que sentirme victoriosa. Antes de que siquiera pensara en operarme, tenía ataques de miedo donde me rehusaba a comer por temor a morirme. Otra vez estoy rehusándome a comer, porque cualquier cosa que como, me sienta mal. Me siento quebrada, derrotada. Como si no quisiera luchar más. Mañana que es el dia del padre, no sé qué haré. Tengo mucho miedo, no quiero arruinar su día sintiéndome mal por algo que coma.
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jueves, 18 de febrero de 2016

"Ya no veo que estés bajando, hija."

... Am I?

Podrán deducir algunos en mi entrada pasada que no me fue bien con la nutrióloga. Por fin sucedió; me caí de la carreta y ahora toca volverme a subir. Pero me está costando mucho subirme de nuevo. Me siento abrumada, me siento decepcionada, me siento desesperanzada.

Traigo el amor propio algo bajo porque siento que no puedo, que los 40 kilos que ya bajé son lo más que bajaré en toda mi vida. De hecho, ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿Quién soy en la escala de la humanidad? ¿Importa? ¿Por qué estoy aquí? Siempre he sentido que estoy viviendo en tiempo extra, que el árbitro que marca los tiempos del partido de mi vida ha olvido pitar. La edad, la presión social... «estás muy joven»...  no me alcanza. No logra impactarme, no logra hacerme algún efecto.

Una vez alguien intentó hacerme un cumplido, me dijo «Estás en tu mejor momento, estás en la mejor edad de tu vida», pero yo creo que esa persona no lo pensó muy bien, porque ese ha sido el peor cumplido que me han hecho. Después de todo, si estoy en el mejor momento de mi vida el único camino que queda es para abajo, y yo aquí valiendo madre. No soy independiente, mi trabajo me abruma, tengo miedo de hablar con extraños y probablemente mi vida siga así y muera sola y soltera.

El otro día fui a comer al Subway porque no hubo comida en la casa. Cuando entré, estaba un chico limpiando la mesa. No era particularmente guapo, pero tampoco se me hizo «feo». Me vio de una manera que sólo puedo describir como Juan Diego seguramente habría visto a la virgen de Guadalupe. No es que yo sea como ella, pero eso fue lo que sentí. Yo sé que tengo ojos muy bonitos, y ya sé cuando alguien se me queda viendo porque mis ojos hicieron algún tipo de impacto en la persona y estoy hasta cierto punto acostumbrada a eso, pero la mirada de este chico logró que me cohibiera un poco, logró que quisiera lanzarle alguna miradilla desde el otro lado del local. El chico se regresó detrás del mostrador para preparar mi orden. Mientras le decía que quería un subway de teriyaki con todo menos aceitunas y chiles güeros, se vuelve a mirarme, y por fin me dice «Me encantan tus ojos». Le di las gracias y pensé «Va, ahora sí le hablaré a un chico. Le preguntaré su edad, qué sé yo, a ver si tiene novia.» Pregúntenme si lo hice.

No. No lo hice.

Soy una cobarde de shit, como dirían algunos amigos.

Me distraje un poco de mi tema inicial. Con todo esto iba que, aunque me siento muy decepcionada e indefensa ante el placer que me brinda la comida, he ideado alguna estrategia que no sé si funcione. Después de todo, tampoco escribo muy seguido aquí en el blog. Empezaré a rendirle cuentas al Internet y a los dos o tres lectores de mi blog. Empezaré (a intentar) a subir fotos de lo que coma. A ver si así mínimo me da algo de vergüenza y pienso dos veces. La idea es que no omita las fotografías, mínimo así me castigo yo sola confesando mi delito. A ver si así aprendo.

Empezaré esta misma noche.
Cené un yogurt para beber, una barrita de Frutella y medio pepino con chile y limón. Ah sí, y mi té caliente. No podía faltar.



domingo, 14 de febrero de 2016

Pérdida de control...

Últimamente me he sentido un poco mal. Tengo una cierta preocupación en mi trabajo, y una desición que tomé me está trayendo una consecuencia financiera para la cual no estoy del todo preparada pero al menos no me dejará en la ruina, o eso espero. Tengo algunos detallitos emocionales con algunas personas que me están haciendo ruido. Aparte, estoy enferma con gripe y las indisposiciones naturales características de mi género.

Descripción gráfica de mi dieta este mes.

Estoy notando cómo esto se refleja en mi estado físico y mi dieta. He notado que este mes, que es lo que más o menos ha estado durando este periodo de malestar mental he estado descontrolada en mi dieta. He regresado a malos hábitos alimenticios que ya tenía controlados, y he obviado mi dieta casi completamente. A pesar de las restricciones físicas de ingesta de comida, no puedo decir que he estado haciendo bien las cosas. Me siento mareada, ma.

Me siento mal. Estresada. Abrumada. Cansada. Enferma. Miro a mi alrededor y mi habitación es un desmadre. La aspiradora no sirve y los pelos de mi gata que suele dormir conmigo se han amontonado en el tapete. No me he molestado en ordenar los zapatos y los tengo regados por la habitación. El bote de basura delata las papitas que me he estado comiendo.  Aretesy collares sobre el tocador y no en su lugar. Agh, me duele la cabeza. Y no me puedo quitar esta gripe de encima. ¡Oh! Y para colmo, siento que este mes voy a subir de peso y olvidé la cita con el doctor y la nutrióloga, y tuve que reagendar.

Siempre he creído en eso de que tu entorno se refleja en tu conducta y en tu salud, pero, ahora que lo siento de peso, como que lo veo con otros ojos. La pereza y la apatía son lesbianas y las madres de todos los males.

Iré a bañarme, quizá porque aquello me relajará, según yo, pero siento la cabeza tan pesada (de hecho la tengo ladeada porque siento que no puedo ver bien), los ojos cansados e hinchados, siento congestión en el pecho, flemas atoradas y la nariz escurriéndoseme. La panza dura y llena. No me qiero parar. Solía comer así antes de operarme, hasta sentirme mal y yo lo llamaba "comer bien". Qué feo, no quiero volver a hacerlo.

¿Pueden notar, como yo, que todo este post también es un desastre, como mi habitación, mi dieta, este mes en general y hasta mi vida?

Saludos.

lunes, 1 de febrero de 2016

La maldición del huevo mágico.

El sábado fui al cine. Para los cinéfilos que gustan de la animación japonesa como a mí, vi una que se llama "Anthem of the Heart". Muy bonita, se las recomiendo ampliamente.

Fui de las primeras en sentarme en las butacas para esperar el inicio de la función. Y claro, como ir al cine y no comer porquerías es un desperdicio de salida, me compré unos nachos; pequeños, claro, y nada más. No palomitas, no soda... sólo unos nachos. Crucé la pierna para esperar, porque ya las puedo cruzar después de ya 40 kilos perdidos, y me senté en la butaca sin necesidad de levantar el descanzabrazos para sentarme, eso me fue una grata sorpresa. Estaba escuchando atentamente los anuncios antes de los trailers, cuando por mi lado pasa un chico apuesto. Cabello largo, atado; lentes, piel morena, delgado. No era un Adonis pero sí logró que me le quedara viendo un momento y lo observara con la mirada. De hecho, por un segundo, cruzamos una mirada, e hice mi mejor esfuerzo por sonreírle, al menos. Iba solo, y se sentó solo a unos tres o cuatro asientos a mi izquierda. En mi mente, me acerqué a él, y sostuve una conversación con él, más o menos así:

-- Hola, ¿puedo decirte algo sin ánimos de ofenderte ni de incomodarte? --(Claro que esa no sería lo más apropiado, pues estoy segura que ciertamente tendría el efecto contrario, pero al menos es lo que realmente pensaba.)

El muchacho me miraría con asombro, quizá hasta con desconfianza e incomodidad, pero por cortesía, me hubiera dicho que sí.

-- Pienso que eres un chico guapo --Le hubiera sonreído, para hacer eso menos incómodo para ambos y me hubiera retirado pronto--. Sólo eso. Bueno, disfruta la película.

Si no hubiera logrado nada más que aquella conversación, hubiera estado contenta. Pero no me atreví. Después de pensarlo, lo haría después de ver la película.

La película empezó, y ciertamente fue muy emotiva. Irónicamnte trataba de una chica que no podía hablar, puesto que en su infancia había sido demasiado parlanchina y así delató con su madre sin querer, y con inocencia, a su padre que tenía un amorío. Su padre le acusó de que la familia se rompiera era culpa de ella, su madre tampoco le dio mucha confianza y entonces un huevo mágico se apareció y le dijo que le ayudaría. Le echó una maldición donde cada que intentara hablar, le dolería el estómago y necesitaría ir al baño, supongo que a vomitar del dolor. La película trata sobre su lucha para recuperar el habla y decir, en efecto, lo que realmente sentía o pensaba. Una pedrada muy apropiada, ¿no? Con lo chillona que soy, la película me hizo llorar bastante, y como yo cuando lloro me da muchísimo sueño, me estaba quedando dormida en el cine. Recordé que tenía unos dulces en mi bolsa y al comerlos, se me quitó el sueño.

La película se acabó, y miré a mi izquierda para ver al muchacho. Seguía ahí. Pero no pude, no me atreví. Quizá el huevo me lanzó la maldición a mí también. El muchacho se puso de pie, y yo en un impulso, también. Empezó a caminar, y yo lo dudé un segundo, pero también lo empecé a seguir.

No contaba con que el muchacho caminaba muy rápido.

«¡Hey, espera!» Le grité en mi mente, mientras él se alejaba cada vez más y la gente que se retiraba de sus butacas se metía en mi camino. «¡Tengo algo que decirte!» Caminó fuera de cine, y ya estaba muy lejos para alcanzarlo, pues cuando salí yo, a duras penas pude ver su coleta girar a la derecha para salir al pasillo que llevaba a la salida. Entonces, me rendí. No solamente la tristeza de la película aún estaba sobre mí, pero esa situación en sí me hizo sentir aún más triste. Son momentos como estos los que me hacen sentir increíblmente insegura, y me hacen creer que seguiré, como dicen en Internet (y para evitar sonar más dramática) Forever Alone.

Imagen relacionada; Jun, la protagonista.
Así me quedé yo mientras veía al chico irse.

lunes, 4 de enero de 2016

Rehén de una bolsa de Doritos.

Hoy es una de esas madrugadas donde por alguna razón las consecuencias de desiciones que he tomado regresan un poco más fuerte. Consecuencias con las que ahora me toca vivir pero no sé cómo tolerar.

Mi dieta no ha ibo bien particularmente esta semana. Estoy esperando ansiosamente regresar al trabajo. Tengo una bolsa de Doritos que quedaron de la cena de Año Nuevo con la que planeo amenzarme esperando a que alguien me rescate. Sí, es patético, sé cómo suena: rehén de una bola de Doritos.

No quisiera entrar en detalles profundos sobre la situación que ahorita me atormenta, pero quería dejar en el récord que efectivamente siento una relación entre esto y las ganas de querer mandar todo al diablo y ceder. De hecho, las tengo aquí al lado, "mirándome" mientras procuro no llorar por una situación que haga lo que haga ya no puedo remediar. Aún no hago nada con ellas, pero ahí están. Es como los «cutters», pero en lugar de navajas, comida. Para el caso es lo mismo. Me estoy haciendo daño a mí misma, como los alcohólicos que bebe para matar algo adentro de ellos. Bueno, también tengo un té. Pero si no fuera porque sé que la soda verdaderamente podría hacerme daño, tuviera un vaso grande de Coca Cola aquí conmigo, pero me conformo con que el veneno de elección de esta noche sea un té de manzanilla, y la bolsa de los Doritos del mal.

Me doy cuenta que no es tanto la persona o la situación, sino la elección que tomé, que resultó ser la equivocada, y que ahora veo lo que pudo ser y ya no es. He tenido la oportunidad de verme con esta persona "frente a frente" y pedirle perdón, pero por más que él diga que no pasa nada, que "estamos bien" no lo resuelve. Creo que ni siquiera fue el daño que causé, sino lo que pudo ser, lo que tuve, y lo que dejé ir.

A la vida le urge un ctrl + z. No, ese tiene un límite. Le urge un botón de «restart» para cuando necesitas volver a empezar desde el inicio. Dicen que todos los días es una oportunidad para iniciar de nuevo, pero a veces la jugada ha sido tan mierdera que el «save point» ya no es lo suficientemente bueno.

Al menos, después de unas cuántas lágrimas y una vomitada de incoherencias, ya no se me apetece tanto la bolsa de Doritos.

PD. Sin embargo, sí terminé comiendo.

martes, 29 de diciembre de 2015

Para concluir el año.

Sí, sé que tengo este blog abandonado. Iba a esperar hasta que se cumplieran 6 meses desde que me sometí a la operación para hacer un recuento de mis experiencias para tener algo sustancial que decir, pero dado que son fechas navideñas y el Año Nuevo está a la vuelta, pensé que sería lo más apropiado adelantar la fecha.

Desde el 22 de julio hasta el 21 de diciembre, he perdido 36 kilogramos. Han sido un cambio importante sin duda alguna, porque mi ropa es diferente, mi cuerpo es diferente, y mi manera de comer es diferente.

Esto me casa sentimientos encontrados. Estoy contenta por bajar de peso y de lo que eso refleja en mi salud. Antes, cuando pesaba 150 kilogramos, podría estar gorda, pero mis senos eran generosos. Ahora encuentro que no lleno la copa, a pesar de que el elástico ya me queda bien, sin necesidad de expansiones. Los pantalones se me caen, así como el cabello. Me da miedo bañarme porque si me paso el peine, se me viene mucho cabello. No es lo mismo, pero me recuerdo a una paciente con cáncer. El otro día que me bañe, si me solté llorando porque me asustó mucho, y a pesar de que es algo que me dicen que es normal, no me gusta. Me siento más fea, pues la piel me cuelga mucho, y se que no hago el ejercicio que debería, pero la verdad es que no me motiva hacer otra cosa que no sea natación.

¿Por qué no me compro ropa? Me he comprado ropa pero como sigo bajando, me queda floja al mes y no quiero estar gaste y gaste en algo que dejaré de utilizar en un corto periodo de tiempo. Me he comprado unos pantalones, pero muy pocos.

También se me hace muy difícil aún las porciones de comida. Cuando me sirven un plato de comida, automáticamente siento una molesta porque siento que es muy poco, pero como apenas un bocado y ya me siento llena. No me molesta comer poco, supongo, me molesta no poder aceptar que como poco o que lo que me sirven es lo justo para mí. Igual termino dejando la mayor parte del plato, o me llevo la mitad que me sobra del restaurante a la casa para el día siguiente, pero me molesta.

Para cerrar este tema, recuerdo haberle dicho a algunos amigos y familia que me tuvieran paciencia, porque este cambio era enorme y profundo para mí y que mi humor estaría fluctuando mucho y esas cosas. Agradezco infinitamente quienes han permanecido conmigo, porque me aguantan en momentos que yo no lo hago. Se quedaron conmigo en momentos donde yo me desprecio y me aborrezco, motivada por miedo, por mi auto-sabotaje, por mi orgullo.

Prometo escribir más seguido.

Felices fiestas.

viernes, 28 de agosto de 2015

Los resultados están aquí.

         No voy a hacer este post muy largo. Desde que empecé el proceso de la operación hasta la fecha, he perdido 20 kilogramos. Empecé con un peso de 150 kg y ahora estoy en 132. Ok, son 18, pero estoy redondenado. El doctor me dijo que pesaba 129 y la nutrióloga 132. Empiezo a notar diferencias en la ropa, ya me queda más floja y me puedo abrochar el pantalón del uniforme más fácil sin sentir miedo al botonazo.
         La nutrióloga me dio una dieta con comidas mucho más variadas, ya no tengo que comer lo mismo todos los días; de hecho gracias a un (afortunado) accidente en mi casa, ayer comí fuera por primera vez en casi dos meses. Comí sushi. No el que me gustaba comer antes pero uno vegetariano (la nutrióloga me dijo que podía). Generalmente me comía muy a gusto las 8 porciones que te dan, y en un día de verdadera gula, me hubiera podido comer otros 4. Bueno, a duras penas llegué a la mitad. Me comí 4 porciones de sushi y las otras 4 me las traje al trabajo.

         Todos estos cambios de alguna manera consciente o inconsciente me están provocando mucha inestabilidad. Necesito mucho apoyo, mucha paciencia y mucha tolerancia de mis amigos, pues me siento como una adicta en recuperación, como esas de AA. Momentos como estos donde estoy demasiado propensa a cambios de humor, son los momentos donde siento que tengo que subir mis defensas emocionales y aparte, esconderme porque sé que las palabra que salen de mi boca, a pesar de que no son malintencionadas, van a salir un tanto crudas o sin tacto. Ya he cobrado mis primeras víctimas, sienta o no que haya hecho algo malo. Estoy en esos momentos donde estoy de "ámame ahorita que no lo merezco porque es cuando más lo necesito".

         Por si fuera poco, no sólo estoy lidiando yo sola con mis propios cambios, reacciones que no comprendo de mí misma, y todo eso, sino que encima siento que se me está cayendo el mundo a pedazos por situaciones familiares que me revuelven recuerdos de la infancia, donde me ponen demasiado nerviosa y asustada, donde tengo que estar súper alerta a cualquier ruido o ambiente que sienta que no es normal.

        La sensación de soledad emocional se intensifica y la seguridad emocional que necesito no puedo encontrarla en ningún lado. ¿Por qué me aventé a este cambio tan grande?


 Foto no relacionada con el post. Es un hilo de plástico, supongo que de sutura, que me saqué de una de las heridas.



viernes, 7 de agosto de 2015

Dudas~

  Últimamente las cosas van saliendo bien. He podido dormir considerablemente mejor, inclusive puedo dormir completamente boca abajo, aunque aún no me atrevo a dormir del lado donde tengo la cicatriz de donde me retiraron el dren. Es una cicatriz relativamente delicada, y le tengo respeto.
Aquí las cicatrices, vista de frente y vista de lado. Ahí se ven mucho más lipias, pero antes se veían un poco más dramáticas.

         A un mes, entonces, desde que empecé el proceso el día después de mi cumpleaños, aquí están las actualizaciones. He notado cambios en mi rostro, y algunas personas me han comentado que me veo más delgada también. Hasta el día 26 es cuando tengo la cita con el doctor de nuevo y con la nutrióloga, que es cuando me voy a pesar oficialmente. No sé cuánto peso he perdido aún.


Ignoren la sonrisa de psicópata, me habían regalado un trago en mi cena de cumpleaños. :P

        Una de las cosas que me hacían dudar si realmente quería la operación, era pensar que probablemente no pudiera seguir las especificaciones de la dieta. Yo me conozco y sé que no tengo fuerza de voluntad. Hoy un conocido me preguntó que sería lo primero que comería cuando ya no estuviera a dieta, y se me vinieron tantas cosas poco saludables a la mente y eso me dejó pensando si realmente tengo la fuerza necesaria. El otro día vi la foto de una muchacha que conocí en el hospital y nos añadimos en Facebook, donde estaba en un restaurante y su platillo eran lo que parecían ser tres molletes. Le pregunté si pudo comer eso y me respondió que uno y con esfuerzo. Eso me asustó y en el transcurso del día empecé a idear maneras de poder comer yo esos tres molletes si ese fuera mi caso.
          Otra cosa que me asusta, es que si yo salgo a comer con mis amigas, yo quiero comer “normal” con ellas. No quiero pedir la mitad de la mitad de la mitad de una orden y no poder disfrutar junto con ellas. Todos me dicen “pero vas a poder comerlo, aunque sea poco”, “¿qué te importa la más, la comida o tu salud/figura/etc?”…. Nada de aquello me satisface. Creo que estoy en problemas.